Si cuidas… ¡Cuídate!

Puede que haya pasado repentinamente o que haya sido un proceso lento. Si comienzas a cuidar de una persona dependiente tendrás que reajustar y reorganizar tu vida para hacerle sitio a él/ella. Sabiendo que, el tiempo que antes dedicabas a otras cosas ahora deba ir  para su cuidado. Si tu cara es es como la de la chica… no desesperes, te planteamos una solución. 

¿Por qué se habla de los cuidados del cuidador? Es una situación que sin duda cambia completamente la rutina anterior del cuidador. De pronto asume más responsabilidades que, si no se aplican las precauciones adecuadas pueden pasarle factura. Desde su salud, hasta su estado anímico e incluso su relación con la persona dependiente pueden verse afectadas. Quedándose relegadas a un segundo plano, sin tener apenas vida propia de la que disfrutar.

Es común que presenten el conocido síndrome de burn-out (quemado), en el que la persona presenta un absoluto agotamiento debido a estar sometido a una situación de estrés crónico. Entre sus consecuencias están la sensación de cansancio físico y/o emocional, la pérdida de interés y baja motivación, problemas de concentración, aislamiento, irritabilidad, bajo estado de ánimo dolores… 

todo ello repercute en la relación personal que se tiene con la persona dependiente, llegando incluso a culpabilizarla por la situación. Esto conlleva un gran riesgo ya que por un lado el cuidador pierde calidad de vida y el que recibe dichos cuidados los recibe de menor calidad.

Existen una serie de cuidados para evitar llegar a esta situación y para mantener la mejor calidad posible, dando al cuidador las riendas para mantener una rutina adecuada que se ajuste a sus necesidades y le permita mantener su vida:

  1. Planifica y delega: Mantén una rutina de cuidados que no sea de dedicación exclusiva. Si cuentas con ayuda, no dudes en solicitarla y organizarse equitativamente el reparto de tareas.
  2. Deja tiempo para ti: Es importantísimo. Para poder cuidar bien, tienes que cuidarte tú. Planifica tu tiempo de ocio y dedícalo para hacer actividades agradables.
  3. Si no puedes solo, pide ayuda. Es normal que necesites orientación en algún momento o que sientas que no das abasto. Pide ayuda directamente.
  4. Toma consciencia de tu estado emocional: si estás muy enfadado o estresado, es posible que no prestes tanta atención o seas más brusco en el trato. Intenta buscar actividades que te despejen. El deporte puede ayudar.
  5. Es normal sentir enfado: recuerda esto si en algún momento te sientes culpable por sentir emociones negativas. Identificarlas y aprender a manejarlas es clave para que no interfiera.
  6. Evita el aislamiento: Sal con gente y, en la medida de lo posible, no desatiendas las actividades que te gustan.

 

Si necesitas orientación para planificarte mejor o aprender a manejar las emociones negativas que puedan aparecer en el proceso, estamos aquí para ayudarte. Recuerda que cuanto antes aprendas herramientas para gestionar adecuadamente la situación, antes podrás reconducirla y evitar que afecte a tu relación personal y a tu propio bienestar.

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